Tifón 2021
Agosto – Entrega 20

«Morada del Duende» Blend
«El último Zelofonte» de Luisa Mercedes Levinson
«Collage» de María Abásolo



EL ÚLTIMO ZELOFONTE DE LUISA MERCEDES LEVINSON

En 2020 hicimos una excepción a nuestro axioma constitutivo, el de entregar únicamente títulos de editoriales independientes argentinas. En agosto del año pasado incluimos Vacas de Belén Sigot, publicado por la Editorial Municipal de Rosario. Consideramos que vale la pena romper las reglas para compartir emprendimientos como estos, que hacen de una tarea que suele empañarse de burocracia una verdadera intervención de política cultural. La colección de revistas de la Biblioteca Nacional, publicada durante el período en que fue dirigida por Horacio González, es ejemplo de esto. Por qué tanto preámbulo, se preguntarán. Porque Eduvim es una editorial que depende de la Universidad de Villa María, Córdoba, lo que significa que otra vez hemos roto nuestras propias reglas. Pero, ojo. Como nos aconseja Andrelo en “Paloma”, cometemos el crimen dispuestos a cumplir la condena. Un año después de haberlo hecho por primera vez, el libro que elegimos para este agosto/2021 fue publicado en “Narradoras Argentinas”, una de esas colecciones que se convierten en una caja de sorpresas y que tienen un valor cultural clave: el de volver a conjugar en tiempo presente la literatura de muchas mujeres que la rompieron y que por uno u otro motivo no han estado en nuestra agenda. De entre todos esos libros, elegimos uno de los más extraños —ya desde el título nos da la pauta, El último Zelofonte—, de una escritora desconocida para nosotrxs hasta ahora: Luisa Merdeces Levinson. El libro está hecho de esas prosas con tinte místico-esotérico que no sabemos si leer como puro juego o en clave alegórica. Tiene pasajes que apuntan directo al clima de postdictadura —fue escrito a fines de los años 80—, incluye referencias a Evita y a los desaparecidos, tal vez de manera un poco torpe. Como contraparte, tiene capítulos enteros que funcionan como perlas de la mejor literatura surrealista, con una veta poética muy pregnante, paladeable, para leer, releer y dejarse perder en las figuras de una escritura atípica. Nos gustaría que esta entrega sea una incursión en esos libros que necesitan del beso de la lectura para salir del sortilegio de la soledad, para revivir y abandonar el cementerio de papel y tinta de las bibliotecas abandonadas.

MORADA DEL DUENDE BLEND FUE EL VINO DE AGOSTO

La bodega Emilca se contactó con nosotrxs hace unos meses y nos contó lo que hacen, que preparan pequeñas producciones, unas setecientas botellas cada tres meses, que los vinos —ya embotellados— son estibados en piletas, al resguardo de la luz del sol y de la humedad, que cada botella, desnuda, es etiquetada a mano cada vez que un pedido así lo requiere. Nos contaron que la bodega fue fundada por Emilio Catena en 1966 y que fue él quien tuvo la ocurrencia de retomar la tradición oral que indica que las viñas y las bodegas son recorridas por duendes cuando nadie está allí para verlos y que por eso eligieron ese nombre para estos vinos. Nos contaron que cosechan manualmente a finales de marzo, que el fermentado lo hacen con levaduras indígenas en piletas de cemento a 20º durante una semana, para preservar los aromas frutales y macerar los colores. Y que los vinos de Emilca son “de gota”, obtenidos sin prensar. Las notas de cata de este blend indican que se trata de un vino de color violeta oscuro con tonos azulados, que posee una intensidad de alto impacto con aromas muy frescos y frutados que recuerdan a las frutillas frescas, frambuesas, cerezas combinados con un suave dejo de notas verdes. En boca es jugoso, con taninos dulce y con una acidez natural que aporta una frescura muy particular. En agosto, nuestra recomendación fue una advertencia, tan sencilla como fatal, propia del sincretismo que nos constituye: antes de probar el primer sorbo es muy importante arrojar al suelo unas gotas, en honor a la Pacha, para que los duendes no se enojen, para que los animales fantásticos descansen en el umbral de nuestra puerta y nos protejan.

COLLAGE “ÚLTIMO ZELOFONTE” DE MARÍA ABÁSOLO

Para el Objeto R de este mes trabajamos con la ilustradora y collagista María Abásolo. Nacida en 1975 en Tandil, Abásolo se ha dedicado al dibujo desde chica y ha ilustrado una docena de libros. La conocimos este verano en el mejor contexto que uno se pueda imaginar: una isla selvática, enorme, en medio de la ciudad, que de tan aislada nos hace perder referencias espacio-temporales. Cuando ella volvió a Tandil, quedamos en contacto en uno de esos grupos de Whatsapp que tienen una ajetreada vida los primeros días, luego que decae y de tanto en tanto vuelve a tener actividad por alguna ocurrencia dispar. Cuando supimos que entregaríamos el libro de Levinson, pensamos en María porque nos pareció que sus técnicas se llevaban de maravilla con el espíritu del último zelofonte. Se trata de una artista que trabaja con un archivo gráfico alucinante y con una sensibilidad extraordinaria para descomponer imágenes y recomponerlas de forma artesanal. Fue a través de esa recomposición, el collage, que llegamos a esta imagen que acompaña la entrega de este mes. “Disfruto del proceso de búsqueda minuciosa, de ensamblar imágenes. Busco expresar ideas, conceptos, sentimientos y emociones trabajando con papeles y libros viejos que acopio y selecciono. Me inspiran las imágenes del pasado, dibujos y fotos antiguas que recorto con tijeras para construir una poética visual, un relato propio.”