Tifón 2021
Septiembre – Entrega 21

«Morada del Duende» Blend
«El último Zelofonte» de Luisa Mercedes Levinson
«Collage» de María Abásolo


 

Inmortalidad y apocalipsis DE William Burroughs

Imaginemos que en alguna parte del planeta Tierra, en algún momento de una Historia que lleva millones de años, un meteorito con una partícula corruptora, llamémosle un “virus”, deambula por el universo sin propósito, sin preocupaciones, como un pedazo de roca interestelar. Ahora, imaginemos que en ese planeta “hay” vida. Desde esos bichos procariotas, simplísimos pero vivos, hasta complejísimos seres: bosques y manadas, yungas y bandadas, jaurías y cañaverales, enjambres y maizales. Ahora imaginemos que cae el meteorito. No es un meteorito enorme y destructor como el causante de las grandes extinciones, es apenas un cascote. Imaginemos que un grupo de monos lo incorpora a su repertorio de herramientas y, sin saber, empieza a manipularlo y a ser manipulado: empiezan a dejar de ser un grupo de monos, ahora hablan.
Esta fábula, de algún modo, es la que se encierra en uno de los slogans asociados a William Burroughs: “el lenguaje es un virus”. Nos preguntamos, nosotros, si el lenguaje es un virus, qué sería la literatura, ¿una vacuna? Seguro que no. Pero algo así como una carpa dentro de una casa. Y ahí está el buen William, volviéndose loco y volviéndonos locos. Es uno de los escritores del siglo XX que ha podido ser tan experimental como popular, experto en las técnicas de la plástica, componía muchos de sus textos con el fold-in y el cut-up, plegando y montando papeles. Además, fue un beatnick atravesado por la tragedia, la experimentación con drogas, la preocupación por la revolución electrónica.
La entrega de este mes es Inmortalidad y Apocalipsis, un libro publicado por una editorial indispensable. Su editor, un extremista,ha sostenido Barba de Abejas haciendo libros artesanales bajo el lema “DIY or DIE”. Reivindicando un modo de hacer libros propios, uno a uno, ajeno a la industria y sus vicios. En este caso, ha preparado la traducción de dos textos inéditos en español y un ensayo de su autoría a modo de epílogo.
Se trata de un libro compuesto apelando a todas sus potencialidades, un artefacto hermoso, quién lo dudaría, pero también oscuro, hiriente, molesto, como podrá entender quien lo lea. Está armado de textos y citas, reproducciones de dibujos y pinturas, mezcla la tradición de la composición tipográfica, el encuadernado artesanal con técnicas de la reproducción digital. Sus libros están numerados porque Eric Schierloh es un fetichista pero además quiere asegurar que no exista un solo libro demás, que cada uno llegue a un lector.
Desde hace años vemos en las páginas de cortesía finales de los libros de Barba de Abeja un pedacito de hilo. Siempre lo pesamos como un recordatorio, algo así como: esto fue cosido, esto lo hizo alguien y aquí está la prueba. Ahora lo leemos también al revés: este hilo puede ser el principio de una aventura editorial: hagala usted mismx.
Por si esto fuera poco, además de hacer los libros especialmente para esta entrega de Tifón, preparó una pequeña pieza de papel con una impresión que no es braile pero casi, porque se puede ver pero es para tocar: “Barba de Abejas & Tifón (2021?)”. Cuando charlamos sobre ese signo de pregunta, pensamos que era un mal chiste y que como mal chiste no dejaba de ser un signo de nuestro tiempo.

Bodega Mi chango

En el Valle de Pomán, localidad de Siján, Catamarca, se encuentra El Manchao, un cerro de 4561 metros. Hace más de cien años, se asentó allí Augusto Cesare Andreatta. El nombre del Cerro proviene de la lengua de los diaguitas, del Kakán, y significa “lugar de miedo”.
Con un sistema de riego por manto, el agua pura pasa por una veta de caolín en el paraje denominado Cerro Blanco. Junto con el suelo aluvionar y la amplitud térmica de ese microclima singular, los vinos adquieren gran generosidad en color y aroma, como así también una estructura que expresa el terroir de manera única e inconfundible.
Don Augusto, un “joven” de solo 25 años de edad, a fines del siglo XIX inició un camino de trabajo en búsqueda de paz y prosperidad. Fue así que, hacia 1920, abrió un emprendimiento vitivinícola y en 1928 construyó su primera bodega en 1928. Surgieron vinos como Malveck —en ese entonces la bodega ya ponía el nombre varietal en sus etiquetas y lo hacía de esta manera— que marcaron el camino a sus sucesores. En 1968 la tercera generación de productores vitivinícolas decidió construir una nueva bodega en la Ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca, donde hoy la quinta generación continúa llevando adelante la empresa.
Del Malbec de esta entrega, ya con “b”, hicieron 6.000 botellas con uvas siempre procedentes de Siján. Predominan los frutos rojos, notas de mermelada y vainilla. Ideal para acompañar asado, pastas con salsas o quesos. Sus enólogos son Marcelo Moreno y Nicolás Rizza.

“Es verdad, Catamarca no deja de sorprendernos. Y tal como ocurre con otros polos
gastronómicos alejados de la masividad, no se venden por marketing sino por la calidad del
producto, sus precios razonables y la diferenciación sin caer en lugares comunes. Y eso es
mayor mérito todavía.”

Mientras tanto esta canción DE Guillermo Yanícola

En este mes de septiembre y en conjunto con Proyecto Yanícola, quisimos participar de los festejos, homenajes y revueltas en torno a un artista como no hubo otro en la ciudad de Mar del Plata, en el mundo. Guillermo Yanícola fue un artista en el sentido fuerte de esta palabra, uno de esos seres cuya presencia social alteraba la vida de quienes lo rodeaban, de quienes llegaban a un lugar y se encontraban con él, listo para tocar su guitarra, interpretar sus canciones o convertirse en Septiembre, su clown. Ni hablar de quienes asistían a sus obras teatrales y de quienes las hacían con él. No sabemos cuándo lo conocimos, pero en algún momento entró en nuestras vidas, fue parte indispensable de la vida cultural de la ciudad por casi veinte años. El recuerdo de la experiencia de “Ubú. Un beso único” todavía sostiene algo de ese agite del ser que implican las grandes reposiciones de Alfred Jarry. Yanícola fue dramaturgo, director, actor, fue uno de esos docentes que se la pasan construyendo, moviendo y armando un circuito teatral con quienes participaban de sus cursos y talleres. Las primeras dos décadas del siglo XXI fueron una verdadera multiplicación de sus obras, que recorrieron y constituyeron el circuito alternativo —tal vez el único— que tiene la ciudad de Mar del Plata. ¿Y qué decir de La banda de los ausentes? Esos recitales en las que interpretaba sus canciones rodeado de las ausencias de una banda con la que interactuaba y nos hacía partícipes de ese otro mundo, absurdo y real, con el que él parecía tener una conexión definitiva, permanente y absolutamente corruptora de la cotidianeidad. Corruptora como la “erre” de MIERDRA, no en el sentido triste y profano con que hoy circula esa palabrita en cada discurso indignado.
Búsquenlo en la web, queda mucho material de él flotando en la nube. Vengan al Festival de Teatro Independiente que hoy lleva su nombre. Asistan a sus obras. Corran la voz.
Llegó al mundo un 1 de septiembre de 1966, se ausentó ese mismo día, en 2019. En este mes y todo el año hay muchxs que laburan para que la presencia de los ausentes se siga propagando.
Compartimos solo una canción y unas pocas imágenes, nos gustaría seguir compartiendo el mundo con él.

Recomendamos sigan a @proyectoyanicola en las redes o que se pongan en contacto con ellxs a través de proyectoyanicola@gmail.com
Se trata de un proyecto impulsado por familia, amigxs y colegas que busca visibilizar y mantener viva la obra de Guillermo Yanícola a través de experiencias artísticas.