Tifón 2021
Octubre – Entrega 22

«Tugurio» Petit Verdot de Bodega Suburbio
«Ojos al ras» de Juan Carrá
«Faro de la memoria» de Rozny


 

Ojos al ras de Juan Carrá

Ojos al ras es un libro con cinco cuentos y una nouvelle. Por el grado de perturbación del espíritu que produce su lectura podríamos decir que trabaja con “lo ominoso” pero… quienes nos dedicamos a escribir reseñas o a hacer crítica literaria deberíamos dejar de robar con “lo ominoso” al menos por cincuenta años. Resulta que desde 1919, el año en que Freud publicó la segunda versión de “Das Unheimliche”, tanto una tostada que nos corta el paladar como un misil en el placar son susceptibles de ser tildados de “ominosos”. Por lo que, como un boxeador que con una mano atada busca nuevos trucos, vamos a tratar de hablar de este libro sin apelar a ese comodín. Porque ha pasado ya casi medio siglo de trabajo de memoria para que el terror, la violencia y el olvido no se tornen familiares y, sin embargo, ahí están, siempre a punto de naturalizarse.
Juan Carrá, ya podríamos decir, “un amigo de la casa”, tiene el oficio de taquigrafiar la realidad, el laburo de periodista lo mantiene saltando la soga y en contacto con el día a día de la justicia argentina. En este libro se permite coqueteos fantásticos con la Historia, reconstruye momentos terribles de la violencia previa a 1976 en Mar del Plata, se mete en el fluir de conciencia de una culposa apropiadora, arma y desarma la tensión entre un padre y su hijo y, por último, nos mete en el corazón del terrorismo de Estado, con un escalofriante juego de idas y vueltas entre victimarios y víctimas en una nouvelle tan argentina que duele.
Ojos al ras fue publicado en abril de 2021 por Alto Pogo y está compuesto en la cubierta y los interiores con inserts de fotografías de Mailén Albamonte, en algunos casos, claramente se trata del mar, en otros, de una orilla de río o de laguna. Y es con esas imágenes que se nos da vuelta una de nuestros más caros seres, el agua, porque de repente, esa capacidad tan suya de cubrirlo todo y de constituirnos también puede resultar una vía para la impunidad.

Tugurio Petit Verdot de Bodega Suburbio

Suburbio Wine´s nació, como casi todo en el mundo, con fuerza para encarar un proyecto en momentos difíciles. Se trata de un emprendimiento joven, dedicado a producir vinos de autor. Así cuenta Marcos Rodríguez el proyecto:
Nosotros, los Rodríguez, siempre mirando para adelante, siempre optimistas, siempre poniéndole el hombro a las dificultades y siempre con cosas nuevas. En el camino, encontramos gente sensacional, como Carlos Moreno Palacios, nuestro enólogo, de la camada de jóvenes que tanto bien le hacen a la industria.
En el caso del Tugurio 100% Petit Verdot se producen sólo 1200 botellas anuales, en Barrancas, Mendoza. Los viñedos están en suelo arcilloso de formación aluvional, a unos 800 metros sobre el nivel del mar. La selección y la cosecha fue manual, en 2020. Y tiene paso de seis meses por roble francés de segundo uso.
Hacemos vinos de Autor, junto con mi Viejo, el Big Buda de los Rodríguez. Nos pusimos de acuerdo en qué tipo y estilo de vino queríamos. Alguien una vez me preguntó:
—Marcos, para vos, ¿cuál es el mejor vino?
Y yo le respondí:
—El que más te gusta a vos.
Aplicamos esa máxima para diseñar los vinos. Es raro en estos tiempos, donde el marketing te dice lo que tenés que hacer en función de lo que le gusta al mercado, que nosotros hayamos hecho al revés.

Faro de la memoria de Rozny

En los meses previos a esta entrega, charlamos con Fabián Iriarte, un poeta amigo de la librería, sobre nuestros Objetos R y le dejamos picando la idea de trabajar juntos en alguna futura entrega. Al otro día, nos escribió contando que se le había ocurrido que tal vez Rozny podía ser unx de los indicadxs para sumarse y así fue. Enseguida nos pusimos en contacto con él y charlando sobre qué libros íbamos a entregar en lo que quedaba de este 2021, nos pareció que lo más potente podría ser una pintura del Faro de Mar del Plata, por lo que representa como espacio idealizado y como espacio de la memoria. Con este punto de partida y con el “encargo”, Rozny puso manos a la obra.
Ahora que terminó, le pedimos que nos cuente cómo fue el proceso. “Lo más difícil fue elegir el paisaje que iba a tener enfrente a la hora de dibujar el faro, también elegir el clima con el que lo iba a hacer. Fui una tarde y estaba nublado, fue una semana con una seguidilla de días así, de esos en los que sale el sol y se nubla. Me paré justo frente a la reja. Hay una reja de entrada del lado izquierdo y me parecía que estaba muy bueno lo que proponía, una calle que entraba hasta al faro y algunos edificios. De repente cuando estaba sacando una foto, aparecieron unos pibes haciendo una especie de parkour improvisado, como exploradores urbanos que entran a propiedades sin llevarse nada. Me quedó esa imagen. Hacía mucho frío, había mucho viento, se me volaba todo, yo había estado en otra cosa durante el día, había llevado para dibujar pero no se podía, sólo saqué esas fotos. Al día siguiente, fui a la mañana, había un solazo y ese lugar ya no me resultaba, así que estacioné más adelante y me senté en la loma, desde ahí se veía un paisaje completamente distinto, más sosegado, había un caballito y obviamente los chicos ya no estaban. Pero sí se veían mucho mejor los edificios abandonados, realmente el paisaje, al tratarse de una postal alargada quedaba, iba. Me puse a dibujar. Ese fue el primer día. Al siguiente fui y por suerte tenía sol, estaba distinto el cielo, era celeste las dos veces, pero el tono era otro, hice un mix, pero me incliné por el tono del primero. Cuando estaba cerrando, algo faltaba, así volvieron esos chicos.”
Como ven, Rozny hizo lo suyo y al momento de escribir este texto todavía no hemos visto el resultado, porque, así como a lxs suscriptorxs de Tifón les gusta recibir cajas a ciegas, a nosotrxs nos entusiasma la idea de dar pequeños saltos al vacío, pero nos quedamos con sus palabras, atentos, y con esa ansiedad feliz, si tal cosa existe, de ver qué dibujó.
“Mis laburos no tienen una perspectiva arquitectónica, las escalas van variando, dependiendo por dónde empiezo, las proporciones se pierden. No son una foto, son dibujos y tienen todas esas cualidades. Me gusta el resultado. No sé qué más contar, me quedan las sensaciones de ese lugar, realmente me llevó a pensar mucho en el tema de la memoria, en lo que pasaba ahí adentro y también me llevó a preguntarme por qué no insistimos sobre esos edificios abandonados para que se conviertan en otra cosa.”