Tifón 2022
Mayo – Entrega 29

«El lémur» de Sebastián Chilano y Mauro De Angelis
«Pedro Ximénez» de Bodega Amansado
«Un lémur en el tejado» de Julián Camezzana



Adelanto

Es y no es: ¿Incógnita o rata?
Íntimo despliegue de pelos y zozobras
Vive en nuestro techo, come nuestras sobras.
Con la noche negra, en misterio, empata.

El lémur de Sebastián Chilano y Mauro De Angelis

El lémur es un homenaje a César Aira. Un homenaje con la lengua afuera. Para quienes no tengan la más pálida idea de quién es César Aira, bastará decir que es un escritor que no ha parado de escribir y publicar en cuarenta años. Cada vez que se vuelve a correr el rumor del Nobel, nos acordamos de sus declaraciones de escritor antimaldito: “yo siempre pagué mis impuestos”.
Con un uso zen y patafísico del verosímil y un respeto absoluto por la nada de la que está hecha la literatura supo cosechar lectorxs en todas partes, fanáticos y coleccionistas en algunas latitudes y una avasallante consagración internacional, especialmente en España y Estados Unidos, que lo llevan a ser el epítome del escritor argentino, el centro de todas las envidias y el generador de numerosas anécdotas del tipo: “una vez viajé en colectivo con él”, “una vez robé sobres de azúcar de su café”, “un tipo pagó 25000 por una fotocopia de su primera novela” y así. A algunos seres les ha tocado en gracia ser personaje de sus ficciones. En el sentido inverso, ha empezado a convertirse él mismo en personaje de ficción, como es el caso de El Lémur.
El lémur es una novela de esas en que unos fracasados como nosotros compiten a ver quién cuenta el bolazo más grande y por quién ha caído más bajo. Con esta novela, Chilano y De Angelis se ríen de su maestro, se ríen de sí y se ríen de nosotros y nos invitan a subirnos a la nube de pedo, como si dijeran: “ya estamos grandes para tomarnos tan en serio”. Con esa renuncia, gana la literatura.
Nos quedamos con algunos momentos: el inicio de Brizna y su vida de poeta barrial, su odio por César Aira, sus notas en el cuaderno Gloria, la complicidad de su amigo el Tajo, los arrebatos y la lealtad de Lanadia, la belleza electrónica de la alucinada localidad de Las Flores, las irrupciones poéticas, por sobre todo, nos quedamos con el furcio Las Flores/Las Flores, con el último poema, con el momento fabuloso en el que Carlos Tevez y César Aira comparten cucheta y, más que nada, con esa forma del amor que sólo encuentra en el odio y la parodia su manera de florecer.

Pedro Ximenez de Bodega Amansado

Los viñedos de Amansado están ubicados en la zona vitivinícola de Luján de Cuyo, Mendoza. Compuestos por Finca La Elsi, diez hectáreas de viñedos de más de 50 años, y Finca La Heroica, a la vera del Río Mendoza.
“La Heroica”, el principal viñedo de Amansado, es uno de los más exóticos de Argentina. Ubicada en el límite entre Luján de Cuyo y Maipú, esta finca ofrece acceso a aguas subterráneas que surgen naturalmente, además de albergar una serie de cerrilladas donde siempre estuvo la intención de desarrollar viñedos en terrazas al estilo del Ródano, algo inusual para la viticultura mendocina.
El Pedro Ximénez de Amansado es un vino fácil de tomar, fresco, vivaz y de muy buena acidez. A la vista, presenta colores dorados y verdosos; y aromas a fruta blanca muy marcados. El vino es untuoso, muy suave y ameno al tomarlo. Nos invita. Posee notas minerales, equilibradas y secas en boca. Se produce con uvas 100% de este varietal, Pedro Ximénez. Se trata de una cepa poco conocida en la Argentina, a pesar de que la uva criolla Pedro Giménez es la blanca más sembrada en el país y suele utilizarse para vinos genéricos.
Los enólogos son Juan Pablo Michelini y José Luis Miano.

“Un Lémur en el Tejado” de Julián Camezzana

Para este mes sabíamos que queríamos producir algo bien icónico, donde hubiese un lémur. De las diferentes portadas que vimos durante el proceso de edición, fueron siendo descartadas las que tenían el lémur en primer plano y finalmente quedó esa foto tremenda con el ambiente de secuestro que bien le sienta al libro.
Así fue que para remedar la falta del lémur y con el objetivo de juntarnos a trabajar con Julián Camezzana, le encargamos una pieza partiendo de una escena que nos señalaron Sebastián Chilano y Mauro de Angelis, los autores de la novela de este mes.
Sin más pistas que ese punto de partida, un párrafo breve, Julián nos devolvió una imagen archipoderosa y en la que encontramos una virtud difícil de conseguir: como a todo escenario en el que hay algo camuflado, a esta imagen no sabemos muy bien cómo mirarla ni cómo leerla. Cuando aprendemos, al mismo tiempo que vemos lo que vemos, caemos en la cuenta de que Camezzana lo hizo de nuevo.